Silencios

Le gustó el calmo devenir de la mañana cuando las hojas verdes comienzan a airearse y las respiraciones se aquietan. Disfrutó de la tranquilidad de los aromas nuevos que le traía la nada misma. Se sentó en la cama revuelta y se asomó por la ventana. Recibió una corriente fría en el cuerpo desnudo que la hizo querer vestirse, pero desistió al instante.  Los otros dormían apaciblemente en las demás habitaciones. Volvió a recostarse. Sintió la suavidad de las sabanas transpiradas. Se hundió complacida en ellas. Navegó por las sutiles caricias de sus recuerdos y contemplo extasiada cada momento como si lo estuviese viviendo nuevamente. El recuerdo de esas manos intensas le quemaban la piel. Sintió una mano real deslizándose por sus imagenes mentales. Sonrió. Volvia a empezar la danza…

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