Inhospita

Condenada a la búsqueda eterna de mil destellos, Vera despertó una vez más en la oscuridad. Ahogada por la abundante bruma  agitó las manos en las tinieblas por un buen rato (como quien busca su propia luz extinguida) y al fin dió con una llave suspendida en el aire. Tenía un color agudo y  punzante, con incrustaciones de diminutos espejos en su parte superior. Brillaba filosa. La tomó con cuidado esperando escuchar su propio grito ahogado luego de los cortes. Pero no pudo derramar ningún sonido. Su boca estaba seca. El dolor fue espontáneo y fino. Sus dedos querían colapsar pero ella aferró con más fuerzas la llave. Esta le estaba dejando esa clase de heridas que solo se sienten pero no se ven. Ese era su poder. Miró su mano y por fuera sus dedos aparentaban una normalidad aterradora. Su cuerpo tiritaba de dolor, un dolor que se expandía a cataratas, inundando su interior. comenzó a caminar. sus pisadas eran como una suave garua en el suelo, pero el dolor aumentaba. La única forma de apaciguarlo para no volverse loca, era acelerar el tiempo. Era una decisión arriesgada, pero tenía que intentarlo alguna vez. Tomó aire varias veces y la última vez decidió contenerlo para ayudar a que las agujas del reloj acelerasen el ritmo. Apuró el paso y comenzó a diluviar con fuerzas sus pasos. Cada vez más rápido. Cada vez más débil. Sabía lo que tenía que hacer: llegar a la Puerta de Más Allá, abrirla con la llave, para después conocer a Uno de Ellos. Devoraba el poco aire consumido que le quedaba dentro. Escuchó en las notas del reloj un cambio de tempo. Quería vomitar su ahogo pero tenía que aguantar un poco más. La llave parecía agrandarse en su mano. El aire se tornó denso en aquella mazmorra. Podía sentir los golpes de su corazón dar contra su pecho. Finalmente llegó a la puerta temblando una incertidumbre asesina. Escuchó el zumbido de los números en su garganta. Y de pronto el tiempo le hizo caso por una única vez y marcó un ritmo alocado. Aprovechando ese rapto de locura, colocó la llave en la cerradura, la hizo girar y abrió la puerta casi asfixiada. La claridad se hizo presente. Y por el desgaste acumulado volvió a dormirse. A dormir en una vida de edificios y terrazas, de taxis y cigarrillos, de  carcajadas tiranas y sueños colapsados. Volvió a dormirse empujada por un cansancio fugaz, volvió a soñar una vida espaciada por melodías distantes. Volvió a dormirse esperando despertar por la noche para continuar viviendo. Una vez más.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s