Leito

Tiene callos fabriles en las manos

y una vez me regaló un alambre con la forma de mi nombre

Sus rastas de Bombay antes fueron rulos en Barcelona,

que antes fueron gorras porteñas y antes gomina escolar.

 

A veces canta dolorido, no pudo despedir a su padre,

lo lleva en un cuadrado infinito en el bolsillo

junto con un pasaporte estampado en viajes.

 

Sus manos son melodías de guitarras, citares, y armónicas.

Tiene el sabor de tres océanos

y orejas agujereadas con amores de otras lenguas.

 

Le gusta meditar por las mañanas,

charlar con monjes que putean

y dormir en su hamaca descolorida.

 

Cuando le preguntan cual siente que es su casa,

no habla ciudades, sino donde tuvo los mejores sueños.

 

Cuando viene a visitarnos,

sus historias terminan a las cuatro de la mañana entre mates y facturas.

Recordamos cuando éramos hijos y no padres,

cuando nuestras canciones se estaban bocetando

y los caminos abriendo.

Cuando llega el momento de la despedida

le abrimos la puerta para que vuelva a las tierras que no le pertenecen

y a pesar de ello son tan suyas.

La nostalgia se mezcla en el abrazo

pero nos soltamos las manos

contentos de haber vuelto a encontrarnos.

Quedándote o yéndote – Luis Alberto Spinetta – Ukelele y voz

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